Holanda, el paraíso para los perros callejeros

Mahatma Gandhi decía que un país se puede juzgar por la forma en que se trata a sus animales. Holanda sin duda, saldría victorioso de este examen, pues es considerado un país ejemplar no solo por el cuidado de los animales de compañía, sino porque cuentan con la tasa más baja de animales callejeros: cero. Una cifra histórica y sin precedentes, que ya se ha convertido en el principal modelo a seguir para otros países que por el contrario, sufren de plagas de animales por las calles.

Según datos de la organización Carodgog, que promueve la relación responsable de las personas con los perros y quienes han hecho una de las primeras estadísticas de un tema tan complejo, como es averiguar cuantos perros duermen en las calles: En España hay unos 109.000 perros en las calles, en Italia 800.000, en Rumanía 65.000, (solo en la ciudad de Bucarest), en Bulgaria entre 50.000 a 100.000 y en Reino Unido,111.000. “En general, en la parte norte de Europa hay menos perros en las calles mientras que en el este y sur de Europa es donde se encuentran la mayoría. Cada país tiene que enfrentarse a problemas diferentes para solucionar esto, incluyen factores como su historia, su cultura o las circunstancias sociales. En España por ejemplo, se abandonan muchos perros de caza, en Italia aunque hay muchas protectoras que tratan de ayudar, no cuentan con suficientes ayudas gubernamentales y no tienen suficiente comida y atención para todos”, explica Marlene Wartenberg, consultora experta en bienestar animal.

En Punta Umbría (Huelva), María del Carmen Mayol dirige una protectora canina que ella misma fundó: Punta Animals, en el año 2011. “Siempre fue mi sueño recoger a perros callejeros y encontrarles un hogar”, afirma. Como tantas otras protectoras del país, no dan abasto de trabajo. “Tenemos siempre unos 130 perros y la cifra no disminuye”.

Frente a los más de cien mil perros que viven en la calle en España, en Holanda todos tienen dueño. Foto: Pixabay

Para ella y sus perros, Holanda es no solo un alivio, sino una salvación. “Hemos enviado ya 100 perros desde que comenzamos”. Allí les encuentran familias deseosas de adoptar a alguno de sus perros. La relación entre ambos países es muy fluida en este terreno. Las organizaciones holandesas, conocidas en el argot del mundo perruno, como shelters (traducción al español del inglés: refugio), buscan personas o familias que quieran adoptar un perro de la protectora española. Suben a su página web los perros disponibles y una vez que la persona se ha decidido por el animal, comienzan los preparativos para llevar el can desde su país de origen hasta su nuevo hogar. María del Carmen trabaja con dos shelters: Hobodogs y Galgos Support Holand. Una persona de la organización holandesa viaja hasta España, esta figura se conoce dentro del proceso como “madrina de vuelo” y su misión es acompañar en todo momento al animal durante el trayecto. Ellos se hacen cargo de todos los gastos del animal, no solo del viaje, sino de la castración del animal, los análisis pertinentes y el microchip que lleva el perro para poder ser identificado.

María del Carmen solo tiene palabras de agradecimiento hacía este país: “El trato por los animales es espectacular. Nunca había sentido un respeto y un cariño tan grande hacía ellos como el de Holanda. En España estamos a años luz de llegar a esto. Aquí no existe ese respeto a los animales”.

Medidas positivas

Medios de todos los rincones de mundo se han hecho eco de este fenómeno y Holanda se convierte en el país espejo en el que otros quieren mirar para terminar con este problema: ¿Qué ha hecho Holanda para no tener perros callejeros?

La unión de varias organizaciones caninas: La Agencia Holandesa de Protección Canina, la Plataforma de Fundaciones Animales, la Universidad Has Den Bosch y Dog Research se unieron para llevar a cabo una profunda investigación canina que les permitiera entender con claridad, las razones que llevaron a Holanda a terminar con los perros callejeros. En dicho informe liderado por Isabelle Sternheim, de Dog Research, se puede ver la paulatina progresión y como en el siglo XIX, Holanda tenía un gran numero de perros, -prácticamente todas las familias en 1800 tenían un perro con ellos-. Si observamos la pintura holandesa de esa época, encontramos retratos urbanos con la presencia de un perro. Estos eran utilizados en su gran mayoría para el trabajo y una vez que ya no eran útiles, les abandonaban en las calles. La cantidad de perros provocó un brote de rabia cuya única solución fue sacrificar a miles de ellos. Ante estos sucesos, el tema canino empezó a estar en el debate nacional y dio origen a que se construyera la primera pieza para el cambio: en 1864 se crea la “Sociedad holandesa por la Protección de los Animales” y pocos años más tarde, en 1886, el abuso animal comenzó a penalizarse.

The Singel bridge at the Paleisstraat in Amsterdam, de George Heindrik Breitner (1898)

Esto ayudó a que la sociedad se concienciará de lo que significa el respeto por los animales y el cuidado hacia ellos. Un paso de gigante en unos tiempos en los que no era habitual preocuparse por asuntos de animales de compañía. Este fue el comienzo de la feliz realidad presente de la que gozan los holandeses, además de tomarse otras muchas medidas que no solo continúan vigentes hoy, sino que se actualizan en función de las necesidades actuales. Un exitoso programa fue el realizado por el gobierno y llamado REVIR (CNVR en inglés): Recoger, esterilizar, vacunar, identificar y regresar, por el cual esterilizaron en una intensiva campaña, a un 70 por ciento de las hembras de todo el país. También los impuestos en la compra de cachorros aumentaron, las multas para quién abusara de un can fueron estrictas y “dolorosas” para el bolsillo del propietario, y hasta se castigaba con penas de cárcel.

Sarah Ross, experta en animales de compañía que trabaja en Four Paws o Vier Voeten en neerlandés,, una organización internacional dedicada al cuidado de los animales, opina al respecto: “Llegar al resultado de cero animales en las calles de Holanda ha sido un proceso que se ha realizado en los últimos 200 años y que ha sido muy efectivo además, porque Holanda es un país pequeño. En este tiempo ha habido un cambio de mentalidad hacia los perros, de ser animales que trabajan a ser miembros de la familia. No solo se ayudó a educar a los dueños caninos a que fueran más responsables, sino que el aumentar los impuestos en la compra de cachorros (y se eliminaron los impuestos para quien adoptaba un perro) contribuyó al éxito de este programa”.

Seres sintientes

El tema de los perros es un asunto muy serio y si no que se lo pregunten a Marlene Wartenberg, una prestigiosa abogada y consultora experta en el bienestar de los animales de compañía, que cambió su destino como flamante abogada de derechos de autor para artistas, por los derechos de los animales. En 2007 creó la Oficina de Política Europea, reconocida por contar con grandes abogados expertos en el mundo animal, que ha dirigido hasta 2014. Su pasión por el trabajo es contagioso y aunque ahora está jubilada, es casi imposible para ella no continuar trabajando hasta que cale en la sociedad el mensaje de que los perros son animales de compañía y como tal, requieren un respeto y una atención que se encuentre a la altura.

Ella cree que el cambio comienza con pequeños grandes matices, como cuidar las palabras que utilizamos al referirnos a los animales: ahí comienza el futuro del bienestar animal: “Existe una tendencia que viene dada por el lenguaje norteamericano de llamar a los animales de compañía pets, que se refieren a perros y gatos en las familias, pero esa palabra puede ser malinterpretada como juguete o accesorio, cuando el termino veterinario correcto es animal de compañía y así debe ser especificado para los animales como perros y gatos”, afirma.

Hablar correctamente no es solo un capricho en el lenguaje, decir las palabras adecuadas también contribuye a que se forme una ley apropiada a los objetivos deseados. La Unión Europea trabaja intensamente en la importancia del bienestar en los derechos de los animales, tanto que este asunto ha sido incluido en el Tratado de Lisboa, (Tratado del Funcionamiento de la Unión Europea –TFUE), que define a los animales como “seres sintientes”. “A pesar de estos avances, los grandes desafíos y vacíos legales se encuentran precisamente en el terreno de los animales de compañía, así como de los animales salvajes”, concluye Marlene. Al reconocer a los animales como seres sintientes, los avances legales prosperan.

El Consejo Europeo redactó hace más de treinta años una convención para el manejo de mascotas –perros y gatos-, que todavía existe, pero como la forma legal es un contrato internacional, no hay sanciones si la convención no es aplicada por los miembros del Consejo de Europa. “La Unión Europea no tiene competencia legal para los animales de compañía, solo hay la inclusión del artículo 13 donde los animales son seres sintientes. Pero no hay una legislación para los animales de compañía en la Unión Europea”, afirma Marlene.

Este es un momento coyunturalmente importante acerca de este tema, ya que según el Eurobarómetro de 2016, la conciencia por el cuidado animal está incrementando en la sociedad: “El 94 por ciento de los europeos están de acuerdo en que el bienestar de los animales de compañía y los animales de granja debe mejorarse”, se afirma en dicho informe. Para quienes afirman que los perros son solo animales y no necesitan cuidados especiales, Marlene Wartenberg tiene un mensaje: “Tanto los perros como los gatos son los animales domésticos más antiguos, esto quiere decir que su ambiente natural es vivir junto a una persona o una familia. Incluso los perros callejeros y aquellos que puedan parecer salvajes por vivir en esas condiciones, son animales domésticos”.

El Tratado de Lisboa de la UE reconoce a los animales como seres sintientes, lo que permite un mejor marco legal que reconozca el respecto y atención que merecen.

Quien tiene un perro sabe no solo el amor que procesa al núcleo familiar, sino la compañía e influencia positiva que ejerce sobre el hogar y cada uno de sus miembros. Según Vier Poeten, en Holanda hay 1,5 millones de perros, lo que significa que un 19 por ciento de las familias holandesas tienen un perro. Estos datos se han mantenido estables durante los últimos diez años y, para ello, Sarah Ross tiene una explicación: “Si comparamos el porcentaje de familias con un perro en casa, Holanda tiene menos que otros países, su cifra es parecida a Noruega o Alemania con un 17 por ciento. En Italia y Reino Unido, el 23 por ciento de las familias tienen un perro, en España la cifra es de 26 por ciento. Turquía es de las minoritarias: un 6 por ciento de las familias tienen un perro en casa”.

El futuro ideal en este asunto está cada vez más cerca, la generación joven es más abierta y está más receptiva al valor social de la relación entre humanos y animales. Cada vez hay más estudios científicos que prueban que los animales saben y sienten mucho más y de una manera mucho más diferenciada de cómo pensamos, y la sociedad es consciente de ello. “Mi sueño es que cada perro y cada gato (y finalmente todos los animales bajo control humano) tengan un dueño responsable y cuidadoso, bien informado, que trate a los animales con respeto y con amor y que los  animales de compañía no sean maltratados o asesinados de manera brutal. Ellos son seres sensibles al igual que nosotros”, concluye Marlene Wartenberg.

Las 5 libertades del bienestar animal

En 1965, el profesor británico Roger Brambell estableció el principio de las cinco libertades básicas para cualquier animal de compañía. Estas condiciones siguen muy vigentes hoy día, cuando el debate del de bienestar animal es protagonista de la actualidad.

  1. Libertad para tener acceso a bebida y alimentos, adecuados a sus necesidades.
  2. Libertad para vivir en un entorno adecuado, incluyendo un area de descanso.
  3. Libertad para no sufrir dolor, lesiones ni enfermedades gracias a una prevención adecuada y a un rápido diágnostico.
  4. Libertad para tener un comportamiento normal porque se le da el espacio necesario y tiene la compañia de otros individuos de su especie.

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