Holanda, el país de los más altos del mundo

El día en Utrecht luce esplendido y soleado, es uno de esos días de verano en los que la temperatura es más idónea del mediterráneo que de los Países Bajos y además, es sábado. El centro de la ciudad está abarrotado de gente y si uno se fija, entre todo ese tumulto, unas personas sobresalen respecto de las demás. Se les reconoce porque son muy altos, llevan bolsas naranjas y son miembros de KLM: no, no se trata de la compañía aérea, sino que son las siglas de Klub Lange Mensen (Club de personas altas) .

Este club festeja estos días su 60 aniversario y para celebrarlo, sus miembros se han reunido en varias ciudades del país: Róterdam, Groningen y Utrecht. La jornada empieza con una competición, donde cada grupo ha de pasar diferentes pruebas, algunas tan chistosas como encontrar un zapato de la talla 48 en una zapatería local o preguntar por una determinada prenda de ropa. Preguntas muy comunes para el resto de los mortales, pero no para estas personas que superan los dos metros de estatura en su mayoría.

El club fue fundado en 1958 por Albert Johan Kramer, originario de Amsterdam, quién medía 2,42 metros. Su estatura imponente le llevó a trabajar de artista, junto a su cuñado, a quién, casualidades o no de la vida, le sucedía todo lo contrario: medía 87 centímetros. Este dúo inusual pero tan característico de los circos de la época, recorría ciudades y países. El señor A.K.Kramer lidió durante toda su vida con grandes problemas cotidianos, como el tamaño de las camas o de las sillas y la ropa que debía encargar a medida y a un precio desorbitado. Cuando en el país vecino, en Alemania, vio que existía un club para gente alta, decidió que semejante idea debería exportarse a Holanda. Poco después de abrir sus puertas, su sorpresa fue mayúscula al ver cómo se empezó a apuntar mucha gente.

Desde entonces, este club admite a miembros de todo el país, y sólo se necesita un requisito: ser muy alto. Para un hombre la estatura mínima ha de ser de 1,90 metros y si se es mujer, de 1,80. Según apunta su presidenta, Hellen Wanninkhof, en Holanda hay 900.000 personas con esta estatura, todas ellas susceptibles de  pertenecer a este club.

Genes y lácteos

Holanda es el país con las personas más altas del mundo. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística, la estatura media de la mujer en Holanda es de 1,71 metros y del hombre, 1,84. Estas medidas sitúan a la población holandesa a la cabeza en el ránking de estatura a nivel mundial, siendo los hombres los más altos del planeta, seguidos de los belgas y los estonios, mientras que las mujeres ocupan el segundo lugar, por detrás de las letonas y por delante de las estonias. ¿A qué se debe esto? Son muchos los estudios que se han realizado al respecto aunque todavía no existe una conclusión científica clara acerca de este hecho. El investigador holandés Gert Stulp de la Universidad de Groningen, y especialista demográfico en London School of Hygiene and Tropical Medicine, ha realizado una investigación para dilucidar los motivos que podrían explicar esta estatura entre la población de su país. Según el estudio publicado en la revista académica The Royal Society, , en los últimos 200 años, los holandeses han crecido 20 centímetros en altura: una tasa de aumento muy rápida que apunta a factores relacionados con el entorno. A mediados del siglo XVIII, por el contrario, la estatura media de un hombre holandés era de 1,65 metros, muy por debajo de otras poblaciones europeas y de los ciudadanos de Estados Unidos, quienes les superaban en 5 y 8 centímetros. El estudio señala la herencia genética como uno de los motivos esenciales, ya que son muchas las generaciones transmitiendo genes con esta determinada estatura, por lo que la cadena continúa. Además recalca la nutrición como el aspecto fundamental entre los factores ambientales, y en este sentido, una dieta a base de lácteos aparece como la clave para la “altura holandesa”.

Una dieta a base de lácteos parece ser uno de los motivos que explicaría la estatura de la población holandesa. Foto: Pixabay

En Holanda, donde la producción de leche es de más de 12 millones de toneladas al año, el consumo de lácteos, no solo de leche, sino de mantequilla, yogures y queso, uno de los productos estrella del país, es parte de la dieta cotidiana. También el acceso a un buen sistema sanitario, que está considerado uno de los mejores del mundo, conforma el tercer pilar de esta combinación: genética, nutrición y sistema sanitario, que resulta ganadora en el resultado de una población tan alta como la holandesa. “En mi opinión sí creo que en la mayoría de los casos se trata de algo genético, aunque desde luego la alimentación contribuye, antes se ponían muchas hormonas a los alimentos para que estos crecieran y creo que esto también nos ha influido, además de ser un país donde consumimos muchos lácteos”, recalca Hellen Wanninkhof. Los científicos han encontrado que los genes juegan un papel determinante en la herencia de una buena altura. “Si uno de los dos es el más alto, este gen es dominante y los hijos heredarán la altura”, dice Emiel de 61 años y 2,2 metros con tres hijas adolescentes tan altas como su padre. Su hija de 15 años tiene un número 42 de pie.

Infografía elaborada por el diario El País y publicada en la noticia del 21/07/2016.

 

Altas y altos

En varias entrevistas con hombres y mujeres muy altos, la diferencia en cómo perciben unos y otros este “regalo” de la naturaleza, es en muchos casos muy diferente y provoca cierto debate en la diferencia de géneros y la altura. Cuando Hellen Wanninkhof era joven estaba acostumbrada a  apodos, no del todo simpáticos, como “jirafa”o “faro”, por parte de sus compañeros de pupitre. Presidenta del Club de las Personas Altas (KLM), se siente ahora orgullosa de sus flamantes 1,90 metros pero ha necesitado tiempo: “Siempre he estado acomplejada y hasta mis 40 años no he aceptado mi estatura. Ahora tengo 54 y ya me da igual pero es agotador seguir escuchando las mismas preguntas: ¿Cuánto mides?,  es la pregunta que me hacen cada vez que entro a una tienda, o expresan sin reparos: ¡Pero qué alta eres!. Ya se que soy muy alta, ¿por qué todos me lo tienen que decir continuamente? Yo no veo que nadie señale a alguien muy bajo y le diga: ¡oh qué bajo eres” y arrastra las palabras de puro cansancio, de quien lleva más de cinco décadas justificando su altura.

Y es que los complejos en la adolescencia y los temores se alargan en diferentes ámbitos, también en aspectos como el de encontrar pareja. Muchas mujeres temen no encontrar a un hombre “a su altura”, y muchas  suelen contraer matrimonio con gente tan alta como ellas, algo que no sucede en el caso de los hombres. A ellos no les importa que su pareja femenina sea de menor estatura. Para Anja den Toom, de 49 años y 1,95 metros, también miembro del club, el balance es positivo, aunque confiesa que los aspectos negativos siempre están ahí: “Resulta pesado no poder ser anónimo, porque todo el mundo te mira y te señala con el dedo. Cuando era joven vivía momentos cotidianos con temor, especialmente el ir a comprar ropa y zapatos, porque no encontraba en ningún sitio y era desesperante. Por suerte, las nuevas generaciones son diferentes: ahora veo a mi hija de 18 años que mide 1,88 y a mi hijo de 23, que mide 2,18  y, aunque tampoco encuentran ropa para ellos, no se lo toman tan mal como yo entonces. Hoy me siento muy segura con mi altura. La gente me dice que me favorece ser tan alta y ya no soy esa chica insegura que era”.​

Sin embargo, para muchos, ser alto nunca ha sido un problema y por el contrario, les ha beneficiado en determinados momentos, como en el terreno laboral. Es el caso de Lucas Huyskes, de 29 años y con una estatura de 2,08. En su profesión como consultor reconoce como su altura impone a más de uno: “Observo en reuniones o en algunas situaciones, como la altura me ayuda a sentirme empoderado, porque notas como la gente siente intimidada contigo”. Los otros chicos coinciden al afirmar que sienten el respeto de los demás por su altura y que es difícil que alguien se meta en una pelea con un hombre alto.

La adolescencia es la etapa donde cuesta más encajar este crecimiento por encima de la media. La timidez de los adolescentes es muy difícil para personas como René Lochtmans, quién recuerda lo mal que lo pasaba de niño, cuando su gran altura le hacía destacar  sobre el resto. “Yo era muy tímido y eso para alguien muy alto no era sencillo”. Hugo tiene 26 años y mide 2,03 metros. Su timidez aún le pasa factura, especialmente cuando sale con sus amigos a bailar y divertirse los fines de semana: “No soy un buen bailarín y no me gusta llamar la atención, cuando estoy bailando todo el mundo te mira fijamente y eso me hace sentir muy incómodo”.

Operar para no crecer

Decía Groucho Marx: “Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo”. Esto mismo deben pensar muchos jóvenes de Holanda cuando a sus 12 años ya miden 1,80 y visitan el médico preguntando: ¿Qué puedo hacer con mi altura? ya que no quieren superar los 2 metros de altura. En Holanda, varios centros hospitalarios como Catharina Ziekenhuis en Eindhoven ofrecen la posibilidad de frenar el crecimiento a través de una intervención denominada epifisodesis y que consiste en destruir o bloquear el cartílago del crecimiento de la rodilla. Esta se puede llevar a cabo en niños entre los 12 y 14 años, una vez realizada la prueba de muñeca para determinar su estatura en la edad adulta. Si se comprueba que superarán los 2,05 metros en el caso de los niños y los 1,85 para las niñas, el médico puede aconsejar la operación, que, tal y como indica la hoja informativa del hospital, no está exenta de complicaciones. En el momento de la intervención, la niña tiene que tener una longitud de entre 1,70 m y 1,75 m y el niño debe medir al menos 1,85. “Se trata de una operación muy dura pero aún así la gente joven la quiere hacer, porque cuando van al médico y este les informa que van a ser más altos de 2 metros, se asustan mucho” comenta la directora de la asociación KLM, Hellen Wanninkhof.
Lucas Huyskes cuenta cómo fue su proceso: “Hasta los 16 tenía una altura normal y de repente comencé a crecer, en un año crecí 20 centímetros y, sin darme cuenta, me encontré con que era un adolescente muy alto. Creo que dejé de crecer a partir de los 20”. Alex Buiks también era un adolescente muy alto: “A los 14 ya medía 1,90 metros. Vivía en esos años en Singapur y en Australia y era muy llamativo ver a un niño con esa altura, porque allí son mucho más bajos”.

En una tarde soleada de Utrecht, todos ellos comparten las historias que le han acompañado durante toda su vida: “¿Me puedes alcanzar ese producto?, les suelen preguntar en el supermercado, o ¿me ayudas a subir la maleta?, en los aviones. Alex se resigna y sonríe: “Con los hoteles no hay manera, siempre llamo para avisar de mi estatura pero nada, nunca quepo, así que pongo la silla enfrente de la cama, algunas almohadas y coloco los pies que se salen de la cama”.

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