Enchufados: locos por el transporte eléctrico

Si en los años setenta fue la revolución de la bicicleta, en menos de una década Holanda promete ser el país del transporte eléctrico. Las cortas distancias y la amenaza de unos niveles de polución insostenibles por la alta densidad de población son los argumentos que utilizó el Gobierno hace décadas para impulsar el transporte de dos ruedas, los mismos que ahora promueve para el del enchufe. Holanda es el primer país de Europa y el cuarto del mundo en número de coches enchufables, con cerca de 90.000 vehículos híbridos plug-in y eléctricos vendidos el año pasado, más del doble respecto de 2014. La revolución del transporte eléctrico ya está aquí: paradójicamente, en el mismo país del gigante del petróleo Shell.

Los que aterricen en el aeropuerto de Schiphol se verán sorprendidos por una imagen única: un Tesla tras otro forman la larga fila de taxis aparcados en la salida. La experiencia de llegar a la ciudad de destino subido en el único deportivo del mercado cien por cien eléctrico sin duda ayuda a exportar la imagen de un país comprometido con el medio ambiente y con las nuevas tecnologías enfocadas al transporte sin emisiones. Los incentivos fiscales implementados por el gobierno en los últimos años ya han tenido un impacto sobre todo en la venta de vehículos híbridos enchufables mientras que los ayuntamientos de ciudades como Ámsterdam, Róterdam y Utrecht están invirtiendo en lograr que su transporte público sea únicamente eléctrico en 2025. A partir de ahora se plantean nuevas dudas: a medida que este tipo de transporte crece, ¿se dispondrán de los puntos de recarga suficientes para responder a la nueva demanda?  Y ¿cómo se podrá garantizar la energía eléctrica para todos?.

Mi coche, al enchufe

Hasta diciembre del año pasado, los empresarios y emprendedores autónomos que compraban un vehículo semi eléctrico o plug-in sólo tenían que abonar un 7% del valor del coche en concepto de impuestos, menos de la mitad de la tasa impositiva habitual. Como suele ocurrir gracias a este tipo de incentivos fiscales, la venta de estos coches creció un 112% en sólo tres años, siendo el pasado mes de diciembre el mes de mayores ventas. Modelos como el Mitsubishi Outlander PHEV han pasado a ser súperventas, si bien sus propietarios no parecen tan comprometidos con el medio ambiente como se creía. “El año pasado realizamos un estudio para saber el uso real del modo eléctrico en los coches híbridos enchufables y descubrimos que la mayor parte de los empleados que lo tienen como coche de empresa lo usan casi siempre con gasolina, porque es más cómodo y no les afecta a su bolsillo” afirma Freek Willems, portavoz de DOET, la Organización Holandesa para el Transporte Eléctrico. En consecuencia, el Gobierno ha lanzado un órdago y a partir de ahora sólo tendrán reducción en el IVA los coches cien por cien eléctricos, y será del 4%, no del 7%, y para todos los compradores, tanto particulares como empresas. Con esto pretenden lograr un impacto real en la reducción de emisiones de CO2 a largo plazo.

Para DOET, lo que sí ha logrado esta medida es cambiar el paisaje ya que “se han tenido que construir puntos de recarga públicos y privados para atender esta nueva demanda y eso ya sirve como base para la venta futura de coches eléctricos y también para la concienciación de todos, que nos vamos acostumbrando a ver coches enchufados en parkings y en la calle” explica Willems. Aunque no tan sorprendente como los semi eléctricos, la venta de coches sin emisiones también ha registrado un crecimiento muy favorable en los últimos tres años, de cerca del 40%, algo que no ha ocurrido en ningún otro país de Europa salvo en Noruega. La clave del éxito parece estar relacionada con el tamaño del país. La distancia media que se recorre a diario en coche es de apenas 17 kilómetros, un trayecto compatible con la autonomía de un coche eléctrico. A esto se suma el elevado coste de la gasolina, que convierte al eléctrico en una alternativa más barata a largo plazo, y por último la apuesta de muchos holandeses por un entorno menos contaminado, comprometidos con mejorar la calidad del aire en el país más densamente poblado del continente.

Si se tiene en cuenta que en Holanda existen más bicicletas que habitantes, parece claro que el coche no es el único medio de transporte privado. El de dos ruedas existe en todas sus versiones. Tal y como asegura Michel van Lindert, director de DOET, éste es el objetivo que Holanda debe marcarse en cuanto al transporte eléctrico, “que tanto el conductor de un coche, como el que lleva una bici o una scooter pueda disponer de ese mismo transporte en su variante eléctrica. En Holanda esta revolución empezó con la e-bike, y también en el sector de las bicicletas eléctricas el número de usuarios aumenta. Muchos lo ven como la mejor manera de desplazarse a la ciudad de al lado evitando el atasco de la carretera aunque vayan a 45 kilómetros por hora, que no está mal para una bici”.

Autobuses de inducción y ciudades sin ruido

Las principales ciudades holandesas se han propuesto hacer del casco urbano una zona verde libre no sólo de polución sino también de contaminación acústica. En menos de una década, Ámsterdam y Róterdam se disputan el título de ciudad del futuro, aquella en la que los autobuses se desplacen sigilosamente y los taxis ya no echen humo. A través de iniciativas como la de priorizar que los propietarios de coches eléctricos puedan aparcar en el centro o renovando su red de transporte público, ambas pretenden ser ciudades libres de CO2 gracias a la tecnología más puntera.

Una de estas innovaciones son los autobuses que se recargan con inducción. Como si de una vitrocerámica se tratara, las baterías del autobús se cargan mediante un campo electromagnético a través de placas situadas en el suelo de cada parada: el autobús se va cargando durante los dos o tres minutos que suben y bajan los pasajeros. Sin cables, ni enchufes. Otros servicios como la paquetería urgente o la entrega de mercancías también se renuevan. Mientras en Utrecht, la empresa de comida a domicilio Thuisbezorg ya cuenta con 200 motocicletas eléctricas, en Ámsterdam y Róterdam se pueden ver camiones  de Heineken descargando sus cervezas sin el motor en ralentí. En cuanto a los taxis y otros vehículos particulares, todos pueden hacer uso de la red pública de más de mil puntos de recarga que ambos ayuntamientos han instalado en sus calles. Entre ellos se encuentran los de Lomboxnet, una empresa holandesa que ha ideado un sistema para proporcionar la energía eléctrica de cada punto a través de pequeños paneles solares que no solamente obtienen energía de forma constante sino que además pueden almacenarla el tiempo que haga falta. No cabe duda de que la revolución del transporte limpio es ya una realidad pero ante la pregunta de si diez años son pocos para que el enchufe conquiste la movilidad urbana, Van Lindert lo tiene claro: “Aunque todavía pasarán décadas hasta que podamos conducir un coche eléctrico de Ámsterdam a Barcelona, si pensamos en el medio ambiente, el cambio tiene que empezar ya y todos tendremos que ir adaptándonos a ello”. ¿Incluso una multinacional tan importante para Holanda como Shell? “Sí – responde- incluso Shell tendrá que pensar en verde, o quién sabe, quizás no habrá sitio para una empresa así en el futuro. Y no pasa nada, las empresas no son eternas”.

Las capitales del transporte eléctrico venden esta nueva imagen

Ámsterdam

Róterdam

 

Stella, el primer coche familiar de energía solar

 

En 2013, un equipo de 21 estudiantes de la universidad de Eindhoven desarrolló el primer coche solar con capacidad para cuatro pasajeros: Stella. Desde entonces no ha dejado de cosechar éxitos. La primera versión ganó la competición mundial de automóviles de este tipo tras recorrer tres mil kilómetros en Australia, a una velocidad máxima de 125 kilómetros por hora y generando más energía de la que consume, a través de su techo solar. Una nueva hornada de estudiantes, procedentes de varias disciplinas y dispuestos a invertir un año y medio de su formación en este proyecto, ha logrado lanzar un modelo mejorado, el Stella Lux, que incorpora un sistema de navegación inteligente. Gaceta Holandesa ha charlado con Tom Selten, responsable de este equipo de talentos al servicio del transporte sostenible:

¿Qué es lo más sorprendente de Stella Lux?

Lo que cuesta creer es que hemos desarrollado un prototipo de un coche que pesa menos de 400 kilos, que consume tanta energía como una plancha y que a pesar de todo puede recorrer mil kilómetros en verano.

Su aspecto es muy futurista, ¿cómo consigue consumir tan poca energía y llevar a cuatro pasajeros?

Está todo pensado para que lo único que pese de verdad sean los cuatro adultos que caben dentro y su equipaje que, por cierto, puede ser de varias maletas, ¡hay mucho espacio en el maletero!. Un ejemplo son sus baterías: pesan sólo 60 kilos mientras las de un Tesla por ejemplo pesan 400 kilos. Y el resto del coche está hecho de fibra de carbono y aluminio, dos materiales muy ligeros.

¿Qué habéis mejorado en esta nueva versión?

Hemos incorporado un sistema de navegación solar que le indica al conductor la autonomía que le queda en función de la previsión meteorológica y le propone la ruta más óptima. Además está sincronizado con el smartphone para que el ordenador de a bordo le recuerde las tareas y citas del día. Y por último, Stella Lux se comunica con otros coches en la carretera. Por ejemplo, el volumen de la música se baja automáticamente cuando pasa una ambulancia.

Para los que tenéis la suerte de haberlo conducido, ¿qué se siente al llevar un coche así?

La conducción es muy sencilla porque no tiene marchas y al ser solar es muy silencioso. El conductor va muy cerca del suelo y eso da mucha estabilidad. Se parece a conducir un deportivo, es muy divertido. Pero todavía no tiene aire acondicionado y los mejores días para la energía solar son en verano, cuando puede hacer mucho calor…

¿Cuándo podremos ver Stellas en las carreteras holandesas?

Aunque son prototipos que funcionan perfectamente, no están pensados para durar veinte años. Si quisiéramos hacer un coche que pudiera comercializarse tendríamos que pensar en un producto que pueda durar mucho tiempo y eso supondría hacer los paneles solares más resistentes, por ejemplo. Pero estamos muy contentos de haber desarrollado un coche solar que no esté pensado sólo para ganar la carrera de los tres mil kilómetros sino que hemos ido más allá y lo hemos construido para cuatro pasajeros, cuando la mayoría están optimizados para ser muy eficientes y por eso suelen tener dos asientos, como mucho. Ya hay empresas interesadas pero todavía quedan muchos años hasta que podamos verlos en la carretera.

Para saber más: www.solarteameindhoven.nl

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *