En tiempos de burbuja de precios en el alojamiento vacacional, existe una forma gratuita, sin reservas y sin vecinos para explorar Holanda. Eso sí, tampoco hay ducha, ni internet. Como toda infraestructura, un caño de agua subterránea, no potable, y si acaso, algún pequeño refugio y un lugar donde hacer fuego. Se llama Paalkamperen, y su nombre lo dice casi todo: acampada alrededor de un palo, o poste.

Más allá de la visita de algún ciervo, jabalí, castor o corzo a curiosear, la tranquilidad está garantizada: a diferencia de acampar en cualquier otro punto del país, es todo legal, siempre y cuando se haga en una de las 47 ubicaciones designadas para ello en los Países Bajos y la región flamenca de Bélgica. El caso español es similar ya que la acampada libre está prohibida, pero existe el concepto de acampada controlada, que se desarrolla en zonas muy restringidas, designadas por un municipio o las autoridades de un parque natural.

Mientras se respeten unas pocas reglas básicas y el tiempo acompañe, la experiencia del Paalkamperen ofrece una excusa ideal para descubrir que hay más allá de los campos de tulipanes en lo que a naturaleza holandesa se refiere. Las zonas de Paalkamperen se ubican en medio de claros en bosques, en parcelas de terreno «virgen» rodeadas de pastos o en los márgenes de algún río. La conexión en transporte público puede implicar varios transbordos para llegar a pueblos remotos y alguna caminata final, pero la factura de tren (y el ocasional pase de día para llevar la bicicleta) es el único precio que hay que pagar para disfrutar de una forma exclusiva y gratuita de rincones remotos del país.

Hay para todos los gustos, incluso para los que no sólo buscan naturaleza, sino también algo de polémica contemporánea y vistazos a la historia: la zona de Paalkamperen de Austerlitz se ubica a poco más de cien metros del centro de detención de Zeist, una especie de centro de internamiento para solicitantes de asilo, y a poco más de diez minutos en bicicleta de la pirámide de Austerlitz, un monumento bastante impresionante por extemporáneo, erigido por las tropas de Napoleón a imagen y semejanza de las pirámides egipcias.

 

Señal de Paalkamperen en el bosque Leidschendammerhout, entre Leiden y La Haya. Foto: Alicia Fernández Solla

Naturaleza a pequeña escala: menos del cinco por ciento del territorio nacional

Aunque los Países Bajos tiene la dimensión de Aragón o de Extremadura, le saca unos 16 millones de habitantes a cualquiera de las dos Comunidades Autónomas. Restando canales, ciudades, campos, pastos, pueblos, almacenes, carreteras y playas, los espacios naturales sin uso humano son un bien escaso. Algo menos del 5% del territorio nacional, los 2.500 kilómetros cuadrados que componen esos huidizos terrenos sin explotar, quedan bajo el control del Staatsbosbeheer, organización pública centenaria dedicada a la protección y conservación del medio cuyo nombre se traduce a algo parecido a guardabosques estatal.

Este ente gestiona 27 de las ubicaciones de Paalkamperen distribuidas por todo el país, además de otros terrenos de acampada que incluyen servicios básicos como aseos y son de pago. Aparte de los 27 terrenos gestionados por el Staatsbosbeheer, hay otros 20 que están en manos de particulares y organizaciones culturales como clubs de boy scouts. Existe una web dedicada al tema en la que se puede consultar un mapa que incluye todas las ubicaciones disponibles, con actualizaciones sobre su estado y otra información de utilidad.

A pesar de estar bastante repartidas, se concentran con mayor densidad en el oeste y sur de las provincias de Brabante Septentrional y Holanda Meridional, respectivamente, en torno a los bosques que separan Utrecht y Amersfoort, o cerca de las ciudades de Almelo y Hengelo, en la ruta de senderismo del Twentepad.

Muchos de los postes para acampar se encuentran en bosques y espacios rodeados de infraestructuras o industria, como la autopista A4 a escasos metros del bosque de Leidschendam. Foto: Alicia Fernández Solla

Reglas: sentido común, y poco más

Las normas para practicar esta actividad pueden variar de una ubicación a otra, pero en líneas generales se resumen en cuatro: la estancia está limitada (entre 24 y 72 horas), no se puede dejar basura, ni hacer fuego si no hay instalaciones que lo permitan, y hay que respetar el máximo de tiendas por área, que suele estar marcado en tres. Esta última cuestión puede resultar problemática si al llegar a un poste de acampada libre determinado ya hay otras personas; desde el Staatsbosbeheer recomiendan tener siempre un plan B por si se da el caso, aunque es poco frecuente.

Otras normas más específicas, como no acceder a la zona de acampada después del anochecer, la prohibición de traer perros o caballos, o la de no hacer fuego en periodos de sequía, sólo se aplican en casos contados. A pesar de que hay pocas reglas, y son bastante claras y fáciles de justificar, no todo el mundo las sigue. Con frecuencia los guardabosques se ven obligados a cerrar ubicaciones por la falta de civismo de algunos usuarios. Un ejemplo reciente es la zona de acampada libre de Campanula, en Zeewolde, provincia de Flevoland. Una de las más populares del país por contar con varias cabañas y un espacio para fogatas, tuvo que ser cerrada a finales de 2018 debido al deterioro de las instalaciones y el entorno ya que algunos campistas no recogían su basura. A pesar de que el comportamiento de usuarios ha llegado a ser motivo de cierre, el mayor recorte en la oferta de ubicaciones tuvo lugar en 2013, debido a reducciones en el presupuesto del Staatsbosbeheer.

Poste que señala la proximidad de un espacio autorizado para Paalkamperen. Foto: Alicia Fernández Solla

La oficialización de una demanda popular

Según las respuestas del Staatsbosbeheer a Gaceta Holandesa, este formato de alojamiento gratuito no para de ganar popularidad desde su implantación en la década de los 90. El ente público comenzó a gestionar el Paalkamperen en 1996 como un proyecto experimental, con 15 ubicaciones cerca de Breda. Estaban siguiendo la iniciativa de pequeñas asociaciones que llevaban años manteniendo zonas de acampada libre cerca de varias rutas de senderismo, sobre todo en la provincia de Overijssel. El portavoz del organismo Marcel van Dun comenta que la tradición holandesa de acampar alrededor de un palo comenzó ahí, y gracias a la dedicación de algunos guardabosques se comenzó a extender por el país.

La promoción y regulación de la actividad tras su creación por parte de particulares, que supone una excepción a la prohibición generalizada de acampar en Países Bajos, recuerda a otras iniciativas ciudadanas de las que se hicieron eco los políticos. Así fue, por ejemplo, como Ámsterdam se convirtió en la meca del ciclista urbano: las protestas de los habitantes de la ciudad convencieron a sus dirigentes de la necesidad de reducir el predominio del coche. Róterdam también cuenta con hitos similares en su historia reciente, como la clausura del famoso Andén Cero, un proyecto pionero en el tratamiento de drogodependientes que se ubicó junto a la estación central a principios de los noventa, y tras generar polémicas y rechazo por parte de sectores amplios de la población, terminó cerrándose.

Desde el Staatsbosbeheer avisan: el Paalkamperen se está empezando a descontrolar.

Aunque la popularización de la acampada libre es positiva para mejorar el conocimiento y la relación de los urbanitas holandeses, desde el Staatsbosbeheer avisan: se está empezando a descontrolar. “Hay demasiados usuarios, y no siguen las reglas. A veces nos encontramos situaciones propias de un campin familiar. Estamos investigando formas de reorganizar el sistema”, asegura van Dun.Desde el Staatsbosbeheer avisan: el Paalkamperen se está empezando a descontrolar. La alternativa que propone para evitar la masificación de estos espacios es de lo más efectiva, pero quizás no sea la preferida por la mayoría de hispanohablantes; no tanto por una cuestión idiomática, sino climática: “las personas que buscan silencio, van en invierno”.